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CREER EN ALGO...

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  A veces los sueños no se hacen realidad. Y los deseos se convierten en una obsesión que anula todo lo demás. Así es la vida de Gabriela, una mujer joven que se siente vacía por dentro. Porque su deseo tan intenso de ser madre y tantas veces frustrado le ha envejecido el alma. Su matrimonio ha fracasado, y no encuentra ningún rumbo en su camino. Necesita creer en algo… El primer día de primavera, Gabriela aún no lo sabe, pero será el comienzo de su nueva vida. Nunca ha ido a misa, no es creyente, pero necesita algo de luz en el horizonte. Después de un largo paseo, al pasar por delante de la iglesia, siente el impulso de entrar. No hay mucha gente, se sienta en uno de los bancos de atrás y simplemente escucha. Escucha los cánticos, escucha el sermón del cura sin prestarle demasiada atención. Pero de algún modo extraño, algo dentro de ella se calma. A la salida de la misa, empieza a anochecer. Hace un poco de frío. Camina hacia su casa y se para en seco al escuchar el llanto ah...

OTRA NOCHE EN VELA

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  Otra noche en vela. El móvil encendido sobre la mesilla y el corazón, latiendo tan deprisa que parece que quiere salirse  de mi pecho. Sé que tengo que dormir algo. El cansancio me va venciendo despacio, mis   párpados se caen  sobre los ojos.   Caigo de nuevo al abismo del silencio. A ese silencio en el que está sumergida mi madre durante demasiados días ya. Me pregunto una y mil veces cómo se sentirá. Me pregunto si está luchando. Si puede sentir mi angustia, mi soledad tan inmensa. El vacío que se apodera de mí al pensar que puedo perderla. Me pregunto si podrá escuchar mi llanto ahogado entre la almohada. Si escuchará cómo grita mi corazón diciéndole que por favor no se vaya. Que no podría vivir sin ella. La persona que más quiero en el mundo, la más generosa y bella que  conozco. Me has dado la vida y formas parte de mí, no puedes dejarme aún. Tengo tanto que contarte… Otra noche en vela. Pero como cada día, volverá a sal...

ENCUENTRO

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  Escucho  decenas de pensamientos cuando mis ojos se posan en ella y el mundo se paraliza. Olvido que voy al trabajo, que estoy en el metro como cada día. Finjo que sigo leyendo mi libro pero en realidad no puedo dejar de mirarla. Temo que se dé cuenta y se asuste, pero su sola presencia me resulta magnética. El alma entera se centra en esa mujer de rasgos perfectos, sonrisa muda y ojos que hablan sin palabras. Necesito conocerla. Baja en la próxima estación. La sigo, discretamente. Sube las escaleras eléctricas con la multitud. Pero destaca entre todos. Su pelo pelirrojo cae en cascadas hasta sus hombros, su brillo deslumbra mis ojos. Su cintura delgada, sus tacones de aguja que se mueven ágilmente por las escaleras, se clavan firmes sobre el metal en cada pisada. Recibo una señal, deja caer su pañuelo. ¿Deja caer su pañuelo? Acelero mis pasos, recojo el pañuelo y la alcanzo. En ese mismo instante se vuelve  hacia mí y ocurre.  T...