AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA, MONA SE QUEDA
Ya llegaba tarde a mi cita. Estuve toda la tarde decidiendo qué ponerme, qué peinado hacerme, probando distintos maquillajes. Me puse música relajante mientras me di un buen baño. Tumbada en la bañera, empecé a recordar el momento en el que sucedió. Detalle por detalle, para recrearme en ese recuerdo que quería conservar en mi memoria para siempre. Yo estaba en clase de gimnasia, el profesor había tenido la genial idea de utilizar la pista de baloncesto para empezar a tirar canastas y ver si descubría alguna futura promesa. Estaba claro que yo no sería, porque siempre se me dieron mal los deportes. Hacía muy buen tiempo, así que salimos a las pistas abiertas al aire libre. El corazón empezó a latirme a mil por hora cuando descubrí que la otra mitad de la pista la ocupaban los chicos de tercero, los mayores. Y entre ellos, allí estaba él. Con una camiseta muy ajustada y regateando con sus compañeros hasta encestar casi todas las canastas. Se llamaba Raú...