UN MUNDO SIN INTERNET (I)
Es un día caluroso en pleno verano, un día de Julio. Esperaba ansiosa el momento de irme a pasar un mes entero con mis abuelos al pueblo, como cada Agosto. Esos días interminables desde que acababa el colegio hasta que nos íbamos, eran eternos, especialmente tediosos. Pasábamos cada mes de Agosto mis dos primas, mi hermana pequeña y yo en un pueblecito de Badajoz, en el que nacieron mis padres y mis cuatro abuelos. El pueblo. Para mí significaba un pedacito de independencia, los padres se quedaban en la ciudad y dejaban a los abuelos ejercer su autoridad sobre las nietas. Pero para nosotras resultaba más sencillo “manejarlos”, en el buen sentido, claro. El pueblo tenía mucho encanto. Se posaba sobre un valle montañoso, todas sus calles eran empinadas y con interminables cuestas. En la parte más alta, en lo alto de la ladera; nos miraba y protegía un antiguo castillo medieval. El castillo era uno de los principales atractivos t...